Vasitos veganos de mousse de coco y chocolate

Reconozco que me ha envuelto la pereza y he retrasado la publicación de esta receta. Lo hago ahora con los Alpes a mis espaldas asomando por el balcón que en un ratito nos servirá para el aperitivo.

Desde él veo las montañas y los campos de heno pintados de amarillo y el rojo de las amapolas. El sol los acaricia dulcemente y a mí y la peque nos gusta perdernos entre ellos. Ella persiguiendo las mariposas, yo las amapolas.  

Los que me seguís en Instagram ya habréis visto que la galería ha cambiado de color estos días y el verde prevalece. Picnics, paseos a veces más fáciles, otros más difíciles, pero siempre adaptados al ritmo de la pequeña que al ritmo de las mariposas y de las flores acaba subiendo y subiendo. Mientras yo me maravillo por esta su autenticidad y frescura, y me pregunto cuándo perdimos la capacidad por sorprendernos.

Los vasitos de hoy son mi primer intento por empezar a adaptar algunas de mis recetas a otro tipo de alimentación. Pero para los que no seáis veganos, no os preocupéis, porque os daré la receta original para que las podáis hacer a vuestro gusto.

Llevo siguiendo desde hace algún tiempo a varios blogs como Lala Kitchen y Danza de fogones. En primer lugar porque cada vez más intento huir de azúcares, leche de vaca y productos procesados durante la semana y también porque me fascina la creatividad por elaborar productos parecidos con otros ingredientes. 


No os sorprenda pues, si de vez en cuando, cuelo una receta así. 




Vasitos veganos de mousse de coco y chocolate

Para la mousse de chocolate (para unos tres vasitos):

Si queréis hacer una mousse normal os recomiendo seguir la receta del Trio de chocolates, pero sólo cogiendo la mousse de chocolate negro. Si queréis hacer la versión vegana seguid la receta que saqué de Danza de fogones:

1 aguacate
150 g de jarabe de ágave
50 g de cacao en polvo sin azúcar
50 g de leche (utilicé leche de avena)
1 cucharada de extracto de vainilla

Es tan simple como poner todos los ingredientes en una batidora y dejar reposar en la nevera durante una hora.

Para la mousse de coco:

80 g de pulpa de coco (mejor si la compráis ya congelado porque sino quedan fibras)
15 g de azúcar o de jarabe de ágave
1,5 g de hoja de gelatina o agar-agar (1 gramo de agar-agar equivale a 6 gramos de hojas de gelatina en hojas)
100 g de nata semi-montada (crema de coco bien fría)

Trituramos la pulpa de coco con un robot de cocina si no hemos conseguido la pulpa congelada. 

Ponemos en agua bien fría durante 10 minutos la hoja de gelatina. Si sois veganos la podéis sustituir por agar-agar. El agar-agar normalmente viene en polvo y se tiene que disolver con agua hirviendo. Normalmente se utiliza en un proporción de 2.5 g por cada medio litro de líquido. Por líquido entendemos desde agua a zumo, leche, etc.  Formará una gelatina una vez la temperatura baje a los 35º. Preparad pues la gelatina de agar-agar antes y tened en cuenta que 1 gramo de agar-agar equivale a 6 gramos de gelatina en hojas. Por lo que tendréis que utilizar apenas un poquito. 

Calentamos en un cazo la mitad de la pulpa con el azúcar o jarabe de ágave. Secamos la hoja de gelatina y la añadimos a la mezcla de pulpa de azúcar, o el agar-agar. Incorporamos el resto de pulpa. Mezclamos y dejamos enfríar hasta 26 grados. 

Semi-montamos la crema de coco o la nata hasta que se marquen las barillas y la añadimos con espátula a la mezcla de pulpa de coco. Dejamos enfríar en nevera una hora.

Para montar los vasitos colocamos la mousse de coco en una manga pastelera y la mousse de chocolate en otra e las intercalamos. Yo las decoré con láminas de coco.



Cheesecake de limón con merengue

Nariz respingona y cuerpo pequeño. Toda ella me recuerda a Samantha.  Y en cualquier momento espero que empiece a crear magia al ritmo de su nariz. Pero a ella no le hacen falta trucos para crear magia. Ese cuerpo menudo, fuente de energía inagotable, funde el conocimiento del ayer con el del mañana. Tras una eterna sonrisa, esconde una historia a veces no tan amable y abraza el presente. Madre, hija, amante. Es aún joven y sus caderas se mueven al ritmo de la tierra. Las barreras no se hicieron para ella aunque sus ojos denoten el cansancio de un fuego que a veces cuesta mantener. Es verano y renace. Como si el sol alimentara su piel. Como los limones al sol.


Es hora de cerrar curso, trabajo, festivales. Julio es la puerta a un tiempo donde por fin podrá quitarse esa pesada mochila. O al menos parte de su contenido. Su cabeza inquieta se muestra ansiosa por poder, al fin, sacar esa lista de cosas que nunca alcanza a acabar a pesar de su energía, a pesar de su sonrisa. Esa receta pendiente, pintarse las uñas, ir a la peluquería y quién sabe, hasta una siesta.

La brisa consigue filtrarse tras la ventana de la cocina y tras ella las cortinas juegan caprichosas. Su pelo también y sus manos se apartan púdicas de la mesa. Mariposas en su estómago.


Mi cuerpo ya no es menudo, como el de la protagonista de hoy. Desde que dejé mi segunda lactancia hace tres años no consigo volver a enfundarme en una talla S. El cansancio me impide mantener una dieta a largo plazo y también ir al gimnasio más a menudo. La edad no perdona, y el stress tampoco. Pero sí que sigue siendo nervioso, como mi mente. E intento alcanzar a todo, hasta a veces el cielo y las estrellas.

Al final mi cuerpo ha decidido poner un freno que a mi me cuesta encontrar con buena torcida de tobillo que me ha dañado un ligamento. Cómo no a tres días de vacaciones. Parece pero que podré igualmente hacer paseos en los Alpes en unos pocos días si me controlo. Aunque no tan ambiciosos. Y que por lo tanto podré moverme, aunque menos, tras mi querida cámara. De la que echo de menos su tacto.

Antes os dejo con esta receta de cheesecake de limón y merengue, del libro She´s cake, de la pastelera francesa Séphora Saada. Un libro íntegramente dedicado a cheesecakes con múltiples y tentadores propuestas.

En realidad esta receta es muy parecida a cualquier receta de NY cheesecake sólo que añadiendo limón. Un zumo que podéis sustituir por cualquier otro cítrico: naranja, lima o yuzu. Y se me ocurre que hasta te infusionado.



El precioso e increíble cuchillo Pallarés es de Claudia & Julia. Estoy super contenta con él, corta que da miedo. Y está de rebajas! Aprovechad!


Cheesecake de limón con merengue

(Ingredientes para una tarta de 20 centímetros)

Para la base:

60 de mantequilla
150 de galletas tipo María

Trituramos las galletas con un robot, que quede bien fina y mezclamos con las manos con la mantequilla deshecha. Cubrimos el fondo del molde, previamente untado con mantequilla pomada (blanda). Lo hacemos con las manos o con una cuchara. Horneamos a 170 unos 10 minutos y dejamos enfriar.

Para el relleno:

600 g de Philadelphia
230 g de azúcar
4 huevos
410 g de nata fresca (crème fraîche, en Mercadona tienen)
70 g de zumo de limón (o cualquier otro cítrico)
1 punto de colorante amarillo (optativo)

Mezclamos en la amasadora con la pala el queso junto al azúcar. Lo hacemos suave y parando de vez en cuando la máquina para bajar el queso de las paredes con una espátula. No batimos excesivamente, sólo hasta conseguir una textura homogénea y lisa. Añadimos de uno en uno los huevos y seguidamente la nata y el zumo de limón. Ponemos una punta del colorante.

 Vertemos sobre el molde con la base ya cocida, y horneamos a 140º durante unos 40 minutos. El centro tiene que moverse un poco. Luego en la nevera, acaba de cuajar.

Dejamos enfriar y ponemos en la nevera al menos 8 horas.

Merengue:

Vamos a hacer un merengue francés. Es decir crudo, sin hornear. Vigilad porque se conserva poco tiempo y suele bajarse un poco.

4 claras de huevo
120 g de azúcar

Montamos las claras y cuando empiece a espumar, echamos poquito a poco el azúcar hasta que las claras estén bien firmes.

Ponemos sobre el pastel con la ayuda de una manga pastelera y quemamos con un soplete de cocina.

Es simplemente delicioso, ya me contaréis.